El efecto Vicky

A estas alturas, necesitamos periodistas que cuestionen a nuestros periodistas


Por Roberto Carlos Tapia

No era para menos la avalancha de críticas a la periodista que siempre había estado en el tíbiri tábara de la política, y que finalmente ha destapado su última carta con el Joker del Uribismo plasmado en él. Para algunos no fue sorpresa, otros se lo tomaron más a pecho, y otros, como yo, perdimos credibilidad en su periodismo. La dejé de seguir. No fue solamente una columna de opinión, fue una propaganda al poder montada sobre un pedestal moral, que además de todo es inexistente. Pero no la juzgo (ni que fuese Dios), comprendo por qué Vicky le lanza desde sus entrañas el salvavidas al expresidente. No sólo porque se ahoga él, se ahogan muchos. Tanto así, que una cultura entera pende de un hilo.

Vicky Dávila, quien en más de una ocasión nos ha hablado de su crianza llena de moralismos católicos, con figuras paternas que absorbieron la atención de una niña creciendo ante el temor de Dios, reconoce en Uribe aquella cómoda voz de seminarista con la que se crió. En una columna publicada en Semana, Vicky puso sobre la mesa pública la confesión que marcó su vida personal, donde un familiar mayor, según cuenta ella misma, intentó abusar de su infancia e ingenuidad. El hombre. La figura paterna que lleva el mando de la familia católica tradicional, esa voz con tono autoritario y protector, pero también abusivo y represivo.

Los complejos de Edipo y Electra son tan naturales como perversos. De hecho, todos tenemos traumas de la niñez que demarcan nuestras conductas diarias. Por ejemplo, no me extrañaría que mi impaciencia se deba a las largas horas de espera por mi papá, cada sábado después del divorcio de mis padres, y en las que a veces ni se aparecía. A diario enfrento amenazas que desencadenan mi impaciencia, pero una vez estoy al tanto de mi ‘temor’ se hace mil veces más fácil luchar contra la emoción. En este orden de ideas, me atrevería a decir que Vicky va perdiendo la batalla ante sus traumas patriarcales, y en lo que sí nos concierne, se mezclan con su profesión de periodista.

Y ella no es la única. Muchos temen ir en contra de Uribe, no por miedo a ser suicidados, sino por creer que, al hacerlo, traicionarán sus creencias más entrañables, lo que los define como ser social, pero a sabiendas de que esa imagen con la que posa un político es solo un espejismo en un oasis de cactus.

Las nuevas generaciones no están dispuestas a ser informadas bajo la lambonería o la propaganda. A estas alturas, necesitamos periodistas que cuestiones a nuestros periodistas. Bienvenidos a un Nuevo Mundo que no se aguanta el protocolo moral de la política, nos produce apatía los rostros arrugados y los culos aguados de los dirigentes. Y cuando creíamos que estábamos avanzando, la historia reciente de Colombia se convirtió en “errores de gobierno”, empañando lo que realmente son. Sí, Vicky, Colombia parece un corrupto narcoestado, ¿cuántos mafiosos no viven en riqueza e impunidad? También existen las drogas, y prohibirlas no sirve de nada. Decir ‘vagina’, ‘pene’, ‘sexo’, es tan natural como la misma desnudez. Para hacer un periodismo cien por ciento ético, se debe dejar la moral reposando a un lado.

Tanto que menciona “lo selectivo de la justicia colombiana”, y Vicky empedernida solo investiga a Santos en sus columnas semanales. Desaprobó los audios de la compra de votos de la Ñeñe-política, a sabiendas que su palabra genera opinión pública, cuando no se necesitan muchos dedos de frente para entender que el Ñeñe y su gente planeaban la vuelta. Todos escuchamos los audios, y con tan solo poner unas cuantas piezas juntas (Daza, Edwardo Rodríguez, y el centenar de fotos boletas con el Ñeñe), era evidente que se debía abrir una investigación judicial por compra de votos (nada del otro mundo en Colombia) que al parecer no pasará.

Además, Vicky, en sus insistentes denuncias a FarcSantos -parecida a la de los Twitteros con relación a los mensajes de texto incluyendo un link con TÚ columna-, ¿cuántos audios has revelado donde escuchemos a Santos aceptar financiación por Odebrecht? ¿Cuántos? ¿Qué audios pesan más: los del Ñeñe o los del Ñoño?

Como están las cosas en este país, o estás con la verdad, o estás en contra de ella. Olvídense de repetir la historia colombiana reciente, olvidadiza, indiferente y con doble moral. El efecto Vicky es cerrar los ojos ante el abuso, ser selectivos al denunciar y al defender, porque así el corazón lo dicta. Vicky deberá abrir los ojos si desea perdurar en el Nuevo Mundo, escoger el lado de la historia que proclama el inevitable y necesario cambio social, para sus hijos y para nosotros. Para los amigos de Dylan, que bien puedo haber sido un hijo suyo. Abre los ojos y dile a ese hombre, No Más.

 

 

 

 

 

 

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