Facebook

 ¿En dónde se debe dibujar la línea entre hacer negocios y cometer actos de corrupción?


Por Roberto Carlos Tapia

La empresa Cambridge Analytica ayudó a la victoria de la extrema derecha durante las elecciones del 2016 en distintas partes del mundo. El gobierno Trump, el Brexit en el Reino Unido, la elección de Bolsonaro en Brasil, y con patrones similares, el NO en el plebiscito por la Paz en Colombia, todas desataron campañas sucias y engañosas desde las redes sociales.

En todos los casos mencionados, la fragilidad de Facebook por proteger la privacidad de sus usuarios ha quedado como blanco del ojo ético -y político- de la sociedad. El Quiz App diseñado por Aleksandr Kogan, empleado de Cambridge Analytica, recolectó los datos personales de miles de perfiles de Facebook, para que luego así manipularan a más de 80 millones de usuarios durante estas elecciones.

La cabeza de Facebook, Mark Zuckerberg, no solo ha tenido que ser juez millennial en decidir qué es la privacidad, y cuál es el sentido personal de esta palabra para cada usuario, sino además se le ha cuestionado por su cercanía con la derecha política de los Estados Unidos, algunos de ellos, partidarios del método electoral aplicado por Cambridge Analytica.

No queda de más mencionar, en esta cadena de ‘negocios’ electorales, y por la cual Zuckerberg se disculpó ante el congreso de los Estados Unidos en 2019, se citó a más de un ‘negociante’ a rendir cuentas ante la justicia de este país. Aunque Facebook sí recibió una millonaria multa por parte del Congreso Americano, la sanción aún no regula el modelo de este negocio.

Por otro lado, el asesor de la campaña de Trump hasta el 2015, y amigo personal por décadas, Roger Stone, fue declarado culpable por siete cargos de los que se le acusaba, entre ellos obstrucción a la justicia de los Estados Unidos, manipulación de testigos y falso testimonio al negar su conocimiento sobre los correos enviados por Wikileaks. Con su propio documental en Netflix, Get Me Roger Stone (2017), Stone pavonea descaradamente su pasión por hacer negocios a partir del engaño y manipulación de las masas. ¡A este nivel caricaturesco hemos llegado!

Si bien la oda a la estupidez es todo un género del entretenimiento, Roger Stone no se pudo salir con la suya y pagará más de tres años en la cárcel, pero su legado como asesor de la campaña de Trump, parece dejar más consecuencias y menos lecciones en la sociedad. Zuckerberg no ha sido muy claro en cuáles serán las medidas para controlar las publicaciones de anuncios con Fake News, y para ser justos, Facebook no tendría la potestad de censurar las opiniones de cada usuario, por más inverosímil que estas sean.  Preocupa más la ‘actitud Stone’ de algunos sectores sociales, donde no solo se ignoran las prioridades humanas, sino además son desestimadas ante la pleitesía del poder.

Si Zuckerberg desea tanto reinar en la economía del nuevo mundo (tomando a la crypto-moneda Libra como ejemplo), debería empezar por deliberar cuáles negocios crean riqueza y garanticen un futuro social y económico, y cuáles negocios, aunque generen económica, crean más incertidumbres en alcanzar un futuro del todo. El capitalismo debe ser ajustado para que al producir riqueza, aún seamos capaces de diferenciar entre hacer negocios y caer en la corrupción. Todo bajo una regla básica y justa, que el negocio no pese más que la integridad humana y natural.

Las grandes empresas como Amazon, evitan pagar millonarios impuestos en Estados Unidos, registrando su empresa en otros países con menores costos fiscales; para un empresario es cada vez más fácil crear los famosos paraísos fiscales. La industria generadora de plástico hace caso omiso a la fabricación de otras alternativas biodegradables, a pesar de la existencia de islas de basura sobre los océanos. La ganadería extensiva crece sin cesar aunque ya se ha advertido de los nefastos -pero no irremediables- efectos invernaderos que esta actividad genera.  Los negocios de Facebook con la derecha mundial pueda que también le salgan muy costosos a la humanidad, siendo esta clase política la dueña de las grandes industrias. ¿En dónde se debe dibujar la línea entre hacer negocios y cometer actos sin ética o de corrupción?

A lo mejor es mucho pedir más honestidad sobre la mesa de los dirigentes, pero al menos este debería ser un buen momento para debatir cuándo un negocio perjudica a su sociedad, más de lo que este beneficie, o si se debe tener ética alguna al negociar, o vayámonos al demonio y vendamos el alma al diablo.  Por el momento solo queda recomendar una sola cosa, tener criterio, ser tu propio periodista, conocer muy bien lo que esté sucediendo.

Facebook es uno de los medios con mayor libertad de expresión al compartir información a quienes nosotros deseemos. Me limito mejor a pensar que Facebook es una herramienta de comunicación, a solo una simple red social. Como insinúo el mismo Zuckerberg ante el congreso de los Estados Unidos, “aquí todos estamos aprendiendo.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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