Pesa más ver a Súperman asesinar, antes que reafirmar lo que ya esperábamos de un villano.


Por Roberto Carlos Tapia

Qué pasaría si la guerrilla fuese de hecho la víctima (y no el villano) de otro gran enemigo, uno mucho más perverso, más fuerte y de lejos, más antiguo.

La corrupción está tan incrustada en nuestra cultura, que además de hacer parte de nuestra vida cotidiana, nos impide diferenciar lo “legal” del tramullo tradicional. Ya sea producto de nuestra herencia feudal, y con ello todo el trauma genético que dejaron los colonizadores, o por simple designio divino, nos acostumbramos hace mucho a que la viveza fuese nuestra gran cualidad, y no el defecto fatal que realmente es. He aquí, sin embargo, la respuesta a quién es la “guerrilla” actual que tanto odiamos como país.

Quienes actúan como policías morales de la sociedad,  intentando tapar la obscenidad con un dedo, rindiéndole cuentas a una burguesía invisible, son tan culpables como la misma guerrilla; los legisladores que fácilmente, y sin remordimiento, rebanan los presupuestos públicos para conservar la tajada más gorda, son los peores guerrilleros de todos, maldiciendo a los ladrones callejeros cuando el Karma -por medio del ciclo vicioso- cobra cuentas de sus actos torcidos; a usted señor, quien habla bien pero actúa de lo peor, agrediendo nuestra inteligencia de pies a cabeza, creyendo que somos pocos los que nos jodemos por obtener el conocimiento, usted sin duda, es el más alto cabecilla guerrillero; a todos quienes se apresuran al tocar la bocina de su carro cuando el semáforo pasa de color rojo a amarillo, pero que se duermen cuando están al frente de la fila de autos, Dios, usted es un perezoso Tirofijo; lo cual me lleva, a todos los que por tres pesos obsequian el pase de conducción, con la ironía de que luego se quejan del pesado tránsito, ¡Vaya, usted es todo un bruto guerrillero! Todos cortados por la misma tijera. Quienes creen que son mejor que los guerrilleros por tratarse de asesinos de la jungla, le cuento, usted en su lugar con las tripas resonantes, actuaría más vil y bochornosamente que cualquier otro, porque usted es sin duda un gran guerrillero. A los maestros y maestras que han perdido la fe en la educación y pasman las ganas de aprender en los estudiantes, por favor, usted mejor váyase pa’ el monte. Para los que usan los valores humanos como negocio de garaje –pero con resultado de mansiones- el infierno de los guerrilleros guarda un espacio para ustedes y sus inútiles bienes terrenales. Y todos sin excepción, que abrimos nuestra boca para repetir como loros, una vaga opinión sin antes empaparse del tema, y a su vez trasmitir un falso juicio, mejor quédese callado pobre guerrillero. Por primera vez en nuestro país, hagamos un día de silencio y reflexionemos de quién es la verdadera culpa: nuestra. Usted que le cuesta tragar su ego para bien de familias en el campo, que no amamos ni odiamos, pero que como todos merecen una vida digna: por Dios no sea usted tan guerrillero; si usted es uno de esos héroes que mata a civiles y esconde la mano, déjese de cuentos, usted Sí que es un triple guerrillero: pesa más ver a Súperman asesinar, antes que reafirmar lo que ya esperamos de un villano. Usted que habla con asco y repudio de un guerrillero, entienda que este no se trata de un Osama Bin Laden, se trata de un compatriota nuestro, enséñele entonces, cómo se debe actuar “correctamente”.

Todos absolutamente en este país tenemos las manos sucias de corrupción, y somos iguales o más culpables que la misma guerrilla. Tal vez, la tolerancia sea el reflejo de la madurez social que tanto necesita nuestro país. Entender que la guerrilla solo es el peón de la maligna corrupción, es dar un paso adelante aceptando nuestras propias culpas, dejando el comic a un lado y enfrentándonos a actuar como una sociedad de verdad: salud, vivienda y educación; tres armas que seguro aniquilarán de una vez y por todas a la verdadera guerrilla.

 

 

 

 

 

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