Lo que tanto me perturba del fútbol nada tiene que ver con el deporte en sí mismo, sino más bien con la febril y melosa audiencia embobada con tan evidente cortina de humo.


Por Roberto Carlos Tapia

Podría ganarme el repudio público con la siguiente frase a punto de escribir, pero creo que odio al fútbol profundamente. Y no me refiera al talento atlético de sus jugadores, ni mucho menos al evento mediático alrededor a este deporte, pero sí al peyorativo afán de entretener la mente humana únicamente con fútbol y más fútbol. Bombardeados por los medios de comunicación, como si de este se crearan hitos relevantes en la sociedad, meterse con el fútbol despierta el inmediato ofusque de sus pasionistas, enamorados del deporte, pero usándolo como pretexto para el libertinaje y las galas sociales. Es decir, ¿Por qué no se celebra el triunfo de un glorioso partido de fútbol, con el plan de tirarse un partidito de micro en comunidad?

Lo que tanto me perturba del fútbol nada tiene que ver con el deporte en sí mismo, sino más bien con la febril y melosa audiencia embobada con una evidente cortina de humo; los líderes políticos de nuestro país nos meten goles cada tanto, durante épocas de copas de fútbol.

Sin importar la profesión, el intelecto, ideología o género, todos idolatran al fútbol como si se tratara de un monoteísta Akhenaton, o un grandioso Ramsés. La comunidad se organiza para celebrar el ritual del instintivo deporte. Que decenas de hombres tengan como claro objetivo meter un balón en un arco, me resulta simbólicamente claro el deseo por penetrar; y quien lo logre, sería el macho alfa; el delantero a quien se ovaciona con fuerte furor por meter la bola.  Solo un único y veloz espermatozoide logra fecundar al óvulo -el arco-, por esto, la pasión del fútbol es en realidad una instintiva manía por meter la bola. Y a todos nos gusta la idea de meter algo dentro de algo.

Después de todo, el instinto de introducir un objeto de forma fálica dentro de un agujero, parece regir en muchos de los inventos de la humanidad. Tan simple como un tornillo en una tuerca, las creaciones del hombre están lógicamente diseñadas en falos dentro de hoyos, y el fútbol, haciendo honor al más atesorado y célebre invento de la humanidad, representa el simple principio de la sexualidad. Para gustarte el fútbol, solo se necesita ser un humano.

Que una sociedad entera se paralice bajo el falso alias del “día cívico”, por razón de un partido de fútbol, es una señal de vagancia, enfermedad esparcida en nuestra sociedad, dando fácil pie a la mediocridad. Nuestra pasión, nuevamente, nos ciega al ser incapaces de diferenciar cuales son los temas verdaderamente importantes en nuestro país; esos en los que debemos invertir nuestro esfuerzo colectivo con feroz canto, como sucede en los mejores estadios del mundo.

El fútbol es casi que un placer culposo del instinto, pero para disfrutar de este (como del sexo, las drogas o el simple ocio), primero debemos terminar nuestra tarea como humanos. Cada cosa en su momento.

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s