La febril ovación a una película cuya audiencia es primariamente para niños y geeks, deja mucho que pensar sobre nuestras expectativas como sociedad.


Por Roberto Carlos Tapia

Hay algo que me molesta sobre las películas de súper héroes. Tal vez se deba a la neutralidad humana con la presentan a los salvadores del mundo. End Game, sin embargo, logra hurgar en los defectos fatales de los Avengers, volviéndolos humanos de verdad; qué más humano que un Thor alcohólico y carente de fe por la salvación del universo; o un Iron Man indiferente ante la eterna lucha del héroe, o un Hulk tan humanizado, que se jacta de superficialidad, tal cual lo haría otro ser mundano. Marvel se tomó 22 películas para realmente ser memorable, pero, ¿por qué me sigue perturbando el éxito de una película indiscutiblemente cinco estrellas?

La febril adoración a una película cuya audiencia es primariamente para niños y geeks, deja mucho que pensar sobre nuestras expectativas como sociedad.

End Game descoronó a Titanic y Avatar, proclamándose ahora como la película más taquillera de la historia. Su narrativa, efectos audiovisuales, y más importante, el guion, nos logró sensibilizar sobre tan importante tema de actualidad: ¿somos los humanos parásitos sobre el planeta Tierra? Sin querer debatir la respuesta, el éxito de esta historia es invitarnos a reflexionar sobre ello, mientras disfrutamos de las épicas escenas de batalla, y reímos con los subtextos plantados adecuadamente.

Aún así, ¿por qué End Game y sus fanáticos no deben si quiera añorar nominaciones a la Academia o de otros prestigiosos festivales de cine al rededor del mundo? La Academia tiende a nominar películas de autor, es decir, que son escritas y dirigidas por la misma persona. Sumado a esto, las secuelas no son bien vistas por la comunidad fílmica, porque, exceptuando el guión, los elementos narrativos (fotografía, vestuario, maquillaje, sonido y efectos especiales) son una repetición de lo que ya hemos visto en 21 películas anteriores.

En palabras más claras, las nominaciones que End Game podría recibir, serían las mismas que ha recibido Avengers en el pasado, como la de efectos especiales o diseño de producción. Pero si esta resultara ser nominada a mejor película del año, sería una hazaña sin ningún precedente; Black Panther solo lo logró históricamente, gracias al director y escritor, Ryan Coogler, autor de la obra.

Es esa actitud infantil en las audiencias de estas películas que me disgusta tanto. Honestamente, es la misma idiosincrasia humana de siempre, y no me refiero a la secuela, sino al hecho de engrandecer a los héroes con súper poderes, poniendo en sus manos la salvación del mundo, cuando en realidad todos sabemos que éste solo sería salvado por nuestras propias manos, la de humanos sin poderes. Simplemente la unión hace el cambio.

¿Por qué siempre esperamos que un único ser luminoso baje del cielo y resuelva nuestros problemas terrenales, cuando deberíamos, más bien, madurar como sociedad y arreglar nuestro propio desorden infernal social? Nos queda más fácil soñar con los súper héroes, antes que tomar las riendas de nuestro propio mundo y trabajar por mejorar lo poco que nos queda.

 

 

 

*Este artículo fue corregido por última vez, el 10 de mayo de 2010.

 

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