Votar en elecciones resulta muy parecido a aquel episodio de South Park, donde las opciones para escoger a la mascota del equipo de la escuela, eran entre un Sandwuich de mojón o un lavado vaginal.


Por Roberto Carlos Tapia

Para decepción de muchos, esto no tiene nada que ver con cambiar una percepción personal de la ética y moral relacionada a una denigrada derecha o izquierda, ni escarbar en un enmarañado manuscrito de acuerdos y reformas, y mucho menos acolitar las ignominiosas opiniones que muchos “De los del No” gruñeron en aquellas elecciones. Para empezar, no me queda duda que la intención real de este plebiscito no era más que dividir al país con dos mediocres posturas. Producto de nuestra intensa pasión por apoyar un partido político -al igual que cuando engrandecemos un vil equipo de fútbol o lo que sea en este país- cegamos la razón ante verdades tangentes. Muy lejos entonces de informarse triunfantemente.

Por convicción propia, y por la ridícula responsabilidad que la avispada democracia nos impone, siempre hubiese votado por un Sí, pues como dice el Sr. Abad, las decisiones son tomadas por nuestras entrañas antes que por cualquier otro acto de conciencia. Sin embargo, hoy pienso que el No siempre fue la respuesta del pueblo colombiano.

Con escasas oportunidades de salir adelante, el verdadero pueblo colombiano, no se trata del acomodado estrato medio, ni son los del campo principales segregados por la guerra contra la guerrilla. Estos siempre han sido encarnados por la ‘abstinencia electoral’, el pueblo colombiano son quienes trabajan día a día en medio de un contexto de obstáculos continuos, llenos de exclusión y corrupción, sin recibir los frutos que se supone la vida retribuye al esforzarse sin cesar. Por consecuencia, viven azotados bajo un profundo resentimiento por la falta de justicia, y sobretodo, con una lógica y merecida desconfianza hacia al gobierno; pueda que uno que otro sea de fiar, pero la vasta mayoría traducen a seres farsantes y dejados a morir.

“Quienes vivimos bajo comodidades, nos inclinamos con facilidad ante un vago sí o un no, pero para quienes la vida es una permanente lucha, su interés electoral es opacado por sus limitaciones.”

Durante las elecciones, cuando creía que ya me había nutrido e indigestado de tanta mala información de Sí y No, conocí a un tipo “ideal”; mezcla entre culto y exitoso, construyó su propio imperio del arte trepando para salir de donde las oportunidades son vistas, pero rápidamente evaporadas, y quien además su ética lo obliga a participar en las elecciones populares. Y más importante, una cabeza de familia de la que muchos dependen. Para sorpresa mía, Juan -como denominaré a mi conocido- hubiese siempre votado por un rotundo No.

Preocupado ante un posible quebrante social y económico nacional, causado por la precipitada re integración de las Farc, y con sabio presagio, Juan temía que su imperio creativo por el que había luchado a contra viento y tramullo -aquellas barreras de exclusión y corrupción que mencioné antes- se viera afectado junto a la estabilidad de su familia. Juan, con fingida o veraz culpabilidad, admitió sentirse egoísta ante su postura del No; yo vi un hombre responsable que tras esforzarse tremendamente, logró obtener la estabilidad para sí mismo y los suyos, y ahora, no toleraría que los acuerdos de arriba perturbaran a los suyos.

No dejarme llevar por la pasión, me hizo entender que quienes vivimos bajo comodidades, nos inclinamos con facilidad ante un vago Sí o un No, pero para quienes la vida colombiana es una permanente lucha, conseguir un arriendo, pagar una mensualidad escolar, trayectos diarios en un apretado bus, o hasta el obtener un litro de leche, su interés electoral es opacado por sus limitaciones; sin importar los resultados de las votaciones siempre terminan llevando del bulto. Incorporar a ex guerrilleros sacados de un agredido contexto, medrosos a la maldita exclusión social, resultan ser un encarte para la segregada clase baja colombiana. El verdadero pueblo colombiano.

“El gobierno quiso presionar un facilista Sí o No, pero el pueblo responde continuamente ‘no me interesa, esto ya es de por sí muy complicado’.”

Tradicionalmente, el verdadero pueblo colombiano ha sido saboteado por los de arriba, y sumado a esto, ahora el gobierno “premia” a los rebeldes, quienes luego de patalear con armas y extorsiones, reciben una segunda oportunidad de vida que los primeros difícilmente obtendrían del estado. El gobierno quiso presionar un facilista Sí o No, derecha o izquierda, y más tristemente, uribistas y los demás, pero el pueblo responde continuamente “no me interesa, esto ya es de por sí muy complicado”.

A nuestro país, por distintas razones, le cuesta bajar la cabeza y perdonar, puesto que es mucho lo que toca otorgar. Acabar con una guerrilla es solo podar el árbol para que así luzca mejor, aunque internamente sus raíces siguen infectadas por odios y por nuestra mayor herida abierta y sangrante, la corrupción. Nuestro país tiene muchas fracturas que enyesar, y eventualmente perdonar de corazón, pero principalmente, el gobierno debe reivindicarse brindando justas oportunidades para su pueblo.

La batalla del Sí contra el No será históricamente recordada como otro episodio más de la patria boba de la que nos apena hablar en público; la razón, nos queda más fácil ‘tíranosla de vivos’, orgullosos además de no escuchar razones.

Ahora que lo pienso, votar en elecciones en este país (y en el mundo) ya resulta ser como aquel episodio de South Park donde las opciones para escoger la mascota del equipo de la escuela eran entre un Sandwuich de mojón o un lavado vaginal. Transgrede la inteligencia tener que decidir en votaciones en nuestro país.

 

 

 

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