Aunque a ellas les toca diez veces más pesado que a cualquiera, Cuarón no evolucionó al personaje (Cleo) a otro nivel, ni socialmente, ni moralmente.


Por Roberto Carlos Tapia

Aclamada por los críticos, galardonada en festivales, y seguramente lo será en los Oscar, la visión latina de nuestros países tercermundistas, tiene otra crítica de esta película; pues Roma, sin querer queriendo, termina fortaleciendo el legado feudal que hasta el día de hoy domina muchas de nuestras sociedades, en un universo excluyente y clasista, sin dejar moraleja alguna de superación.

Probablemente, la fotografía blanco y negro simbolice dos puntos extremos, de dos mujeres totalmente opuestas, pero con un mal general en común: “las mujeres siempre están solas, sin importar lo que ellos digan, siempre lo estarán.” Aunque Cuarón retrata a su propia familia y experiencia de manera emocional, incluyendo a la empleada del servicio, su obra maestra Roma, no terminó causando empatia en la audiencia latina.

Cleo (Yalitza Aparicio) representa a nuestras útiles empleadas del servicio que miman nuestras perezas; ella limpia y organiza metódicamente, madruga, cocina, sirve de niñera, y botones, también recoge el popó del frustrado perro que nadie quiere sacar a pasear, lava los pisos y los restriega, si la ocasión la amerita, Cleo (o nuestras toderas empleadas de servicio) sirve de bombera, y por qué no, de salvavidas también. Ella lo hace todo, y aún así, no es retribuida ni con un sueldo justo, ni mucho menos por el trato que recibe. Pues aunque la familia se esfuerce por considerarla parte de ellos (la adopción feudalista), Cleo no se sienta en la mesa con ellos, y se le limita ciertos accesos y comodidades dentro de este “hogar”.

Nos guste o no, así como Cleo, esta es la realidad que las empleadas del servicio reciben en latinoamerica, tanto en los años 70 como lo retrata Roma, y como aún sucede hoy en día, porque la cosa no ha cambiado mucho. Y los patrones, de piel blanca, de apellidos que “ellos” (los mestizas, o indígenas, u otra ‘minoría’ racial) apenas y pueden pronunciar, se les llama por “doctores” que merecen respeto y enaltecimiento; a Cleo le daba pánico confesarle a su neurótica patrona, la Sra. Sofía (Marina de Tavira), que estaba embarazada, pensando que la correrían.

En una manera demasiado personal al narrar la historia (probablemente simplificando sus memorias), Cuarón elige anécdotas visualmente hermosas y profundas, pero sin mucho que aportarle al conflicto de Cleo, ni al drama general de las mujeres. Con o sin la secuencia en la finca de los amigos de la familia, los Americanos, la historia se pudo haber desarrollado igual, pues no le representó mayor obstáculo a Cleo, ni hechos relevantes a la historia, más que solo un incendio forestal con una espléndida fotografía, y un intento de conexión entre Cleo y su patrona, pero queda inconclusa en términos de estructura. ¿O me equivoco?

Aunque ambas mujeres parecieran sufrir por lo mismo (la ausencia de los hombres), la historia está definitivamente contada desde la vida de Cleo, y poco a poco, el drama de su patrona alcanza paralelamente a marcar el suyo. Cleo termina esta historia como la empezó, resignada ante una vida, que según sus propias palabras, “sería mejor estar muerta”. ¿Cuál fue el arco de transformación, el cambio de Cleo para bien de la moraleja de la película? El amor mutuo por su familia adoptiva (de los niños, en especial) nunca estuvo amenazado, y de su valentía jamás se debatió. Aunque a ellas les toca diez veces más pesado que a cualquiera, Cuarón no evolucionó al personaje a otro nivel, ni socialmente, ni moralmente.

¿Cuál es el mensaje de Roma para el mundo en esta obra personal de Cuarón? ¿Qué las empleadas mexicanas son las más eficientes y resignadas?

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Roma, sin embargo, es una hermosa pieza audiovisual que cualquier cinéfilo disfrutaría, por su calidad de fotografía, cada toma es un cuadro de arte, tanto interiores como exteriores. O por la manera en la que Cuarón se toma su tiempo para enseñarnos su nostálgica experiencia (a veces, una distracción), creando una bella obra de cine de autor. La riqueza de sus metáforas visuales, y el impacto de ver a una mujer indígena pasar por tanta ‘mierda’, y aún así, sonreír a la vida, es un buen intento por ser honestos con nuestra realidad latina.

 

*Este artículo fue corregido, por última vez, el 26 de enero de 2019.

 

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