Definitivamente describe tu pueblo y describirás al mundo. Así lo hace siempre Ciro, ahora relatando el infortunio de una tribu wayuu durante la era de la marimba en Colombia. 


juan
Por Juan Ricardo Gómez
square-twitter-512 @juanartes

Como colombiano que soy, esta película me enfrenta, una vez más, a la realidad que se ve en cada esquina de este hermoso país. Tal parece, nuestros más profundos valores, lo que somos como esencia, se pierden, casi siempre, por una amenaza externa que con ambición, termina por destruirnos. Pájaros de Verano va más allá de la marimba y el negocio que se empezó simplemente para conseguir una dote y poder obtener a la mujer de un clan especifico en una tribu wayuu en la olvidada Guajira; Rapayet se enamora perdidamente de Zaida, pero la dote que exigen por ella no esta dentro de sus posibilidades. Es allí cuando se cruza con los “gringos” del cuerpo de paz, una ironía, pues gracias a este cruce desafortunado para Rapayet, su vida se vuelve una locura sin reversa; ellos quieren la marihuana que les da un rato de “felicidad”, y los wayuu tienen la hierba, y es cuando todo cambia de rumbo y se convierte en la tragedia de sus familias, pues las pasiones que despierta el dinero, las costumbres e idiosincrasia, y el negocio en sí mismo encabezado por Rapayet, se convierten en la receta perfecta para llevarlos al exterminio.

Lo irónico aquí, es que en toda guerra los hechos infortunados tienen un virus común,  el dinero, que empieza a llegar a borbotones, y a dañar los corazones de sus propios seres queridos; el primero en estar infectado no es precisamente un wayuu, sino un Alijuna, Moisés, quien al no pertenecer a la etnia de su tierra, pero sí un cercano amigo de Rapayet, no entiende de ancestros, ni de honor, y representa al mas simple de los colombianos, al que le gusta la rumba, la farra y que después de conocer este nuevo mundo efímero, no querrá abandonarlo. Aquella frase de cajón que se dice a boca llena: “la vida que nos merecemos”, repetida un millón de veces por aquellos que ansían vivir otra realidad, lleva a Moisés a vivir con euforia y con ganas de más, cometiendo aquí el primer error, se convierte en el primer eslabón de esta cadena que los llevará al desastre total.

Rapayet solo quiso obtener a la mujer de sus sueños, pero la codicia que lo rodeaba, el insaciable deseo de más negocio (sin ya ninguno pudo detenerse), termina dejándolo  influenciar por su entorno. Su suegra, Úrsula, representación del matriarcado, y quien demuestra cómo la voluntad de este género puede doblegar hasta el más fuerte, incita a Rapayet a ir en contra de sí mismo. Úrsula, también infectada con este virus del dinero, lo hace sentir débil, y él toma más decisiones equivocadas, llevándolo al arrepentimiento. Huye de lo que él mismo creó, pero el “honor lo ha manchado”, debe responder y al evadir tal responsabilidad, será Úrsula quien dará un giro inesperada en el desarrollo de la historia. Al final vemos que esta mujer en su desmedido orgullo, llevará a todos por un camino sin retorno, aunque ella desde el comienzo presintió que esa unión traería dolor para su tribu; su hijo menor, junto con los otros hijos jóvenes que crecen en medio de la bonanza, representan a aquella generaciones deformada que está entre los dos fuegos sin tener en claro quiénes son y para dónde van, volviéndose aun más, el reflejo equivocado de sus padres.

El auge de la marimba acabó con clanes enteros y con sus costumbres, hizo que esta raza de indígenas fuertes, que habían logrado desterrar a los españoles de sus tierras y mostraron su honor y valentía, terminaran doblegados por el dólar, de manera irrisoria lo dicen los personajes, “viva el capitalismo”. Pero es justo ese consumismo, y las insaciables ganas de obtener más, lo que ha hecho que pueblos enteros se consuman por las ansias de poder, las ganas de acumular más verdes, y el precio que se paga es muy alto; el verde llega, arrasa con todo y se va, y lo peor es que se sigue repitiendo la historia un millón de veces en cualquier parte del mundo y a través de la historia.

Un retrato épico de cómo se exterminan unos con otros, a veces parece un documental, su forma de contar la historia que evoca a una tragedia griega contada por actos, termina siendo una bella reflexión sobre lo que las culturas están dispuestas a ceder, abandonar y perder por algo que ni siquiera comprenden. El poder de un pueblo no está en el dinero o en las riquezas que puedan acumular, sino en lo férrea que sean sus  creencias y lo que estén dispuestas a hacer para protegerlas. Las grandes civilizaciones del mundo se han auto-destruido justo cuando el comercio se vuelve su única forma de comunicación, y en esta bella historia ocurre lo mismo, acaba con ellos incluso cuando esta está por encima de su honor.

Pájaros de Verano es una tragedia que nos representa como pueblo, como raza, en donde lo menos importante es el trafico de la marimba. Sino, cómo abandonamos lo que somos por algo que desconocemos y que deberíamos tratar de fortalecer más como cultura, en lugar de seguir el juego de las grandes potencias que, siempre de alguna manera, nos manipulan para seguir teniendo el control sobre todo aquello que represente posible riqueza , marimba, petróleo, coca, oro, gas, diamantes, cobalto. Un paralelo universal en donde el común denominador siempre es el comercio desmedido y las ansias de control, manipulación, y en ultimas, destrucción de pueblos enteros y su cultura.

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